De la literatura infantil a la animación: una relación que garantiza el éxito
A lo largo de la historia de la animación las grandes obras literarias fueron una de las principales fuentes de inspiración. Ya hemos analizado cómo los libros basados en leyendas orales fueron retomados en cortos y películas animadas. En esta oportunidad, daremos cuenta de la influencia de la literatura infanto juvenil, aprovenchando el contexto de la realización de la Feria del Libro de Buenos Aires, que culmina el lunes 16 de mayo.
La mayoría de las películas clásicas de Disney están inspiradas en libros infantiles. Por ejemplo, “Pinocho” (1940) lo está en “Las aventuras de Pinocho”, que el escritor italiano Carlo Collodi publicó entre 1882 y 1884 en el periódico dedicado a las infancias “Giornale per i bambini”, con ilustraciones de Enrico Mazzanti. Se trata de un libro referenciado en múltiples oportunidades, como en varios momentos de una de las últimas películas de Pixar, “Luca”.
La de Disney es una de las tantas versiones de esta obra. Otros ejemplos en animación son la italiana “Un burattino di nome Pinocchio” (1972), o la película dirigida por el mexicano Guillermo del Toro para Netflix, un musical animado en stop-motion que se estrenará en diciembre de este año.

Las abrumadora mayoría películas de Disney que siguieron a “Pinocho”, hoy convertidas también en clásicos, también tienen base en la literatura: “Dumbo” (1941), en el libro homónimo de Helen Aberson; “Bambi” (1942), es una versión libre de la obra del austriaco Felix Salten; “Alicia en el país de las maravilla” (1950), en las obras de Lewis Carroll “Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas” y “A través del espejo y lo que Alicia encontró allí”; “La dama y el vagabundo” (1955), tomó la historia de la novela homónima de Ward Greene; “101 dálmatas” (1960), la de “The Hundred and One Dalmatians” de Dodie Smith; “La espada de piedra” (1963), se inspiró en el libro del mismo nombre de T. H. White; “El libro de la selva” (1967), en “Mowgli”, de Rudyard Kipling; y “Las aventuras de Winnie the Pooh”(1977), en los cuentos de A. A. Milne. Esta última historia del osito amante de la miel dio lugar a una de las franquicias más populares de la compañía.

“La bella y la bestia” (1991), una película icónica de la denominada era del renacimiento de Disney, se basa en el libro de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont, que a su vez es una versión abreviada de la obra de Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve. Un detalle de esta película, es que se trata de la primera princesa de Disney que rechaza a un pretendiente y que es reflejada como una gran lectora. La última película de este periodo de renacimiento, “Tarzán” (1999), se inspira en la novela «Tarzán de los monos» (1912) de Edgar Rice Burroughs.
Hay más: otros títulos de Disney que se apoyan libremente en clásicos de la literatura. “Policías y ratones” (1986) se basa en “Basil of Baker Street”, el libro escrito por Eve Titus que parte de Sherlock Holmes; “Atlantis: el imperio perdido” (2001) en Julio Verne; y «El planeta del tesoro» (2002), en Robert Louis Stevenson.
En 2004, en una película que se lanzó sólo para video, Disney presentó su versión del clásico de Alejandro Dumas, como “Los Tres Mosqueteros: Mickey, Donald y Goofy”. Ya con la serie creada por Disney, las «Silly Symphonies”, habían presentado una versión “Three Blind Mouseketeers” (1936). Y el estudio Hanna Barbera estrenó en 1968 una serie basada en la novela de donde salió la célebre frase “todos para uno, y uno para todos”.

Más cerca en el tiempo, hay tres películas enormemente exitosas de Disney que parten de las creaciones del danés Hans Christian Andersen, en cuyo honor se celebra cada 2 de abril, la fecha de su nacimiento, el “Día del Libro Infantil”.
En “La sirenita” (1999), el filme que marcó el inicio del llamado Renacimiento de Disney, le dieron un final más feliz a la original. Y “Frozen” (2013) y “Frozen 2” (2019), los títulos que hicieron explicito el giro feminista de Disney, reversionaron con mucha libertad “La reina de las nieves”. En la segunda parte de Frozen hay un guiño a Andersen: cuando Elsa encuentra una serie de recuerdos congelados en donde se ve a su padre de joven leyendo, según se lo escucha decir, un libro “de un autor dinamarqués nuevo”. En la portada, se ve una imagen de una sirena.

“La reina de las nieves” tuvo una versión previa muy influyente creada por el ruso Lev Atamanov en 1957, con el estudio soviético Soyuzmultfilm, una de las favoritas del gran creador japones Hayao Miyazaki.

En el riquísimo catálogo de Soyuzmultfilm hay una versión de “La sirenita” (Rusalochka, de 1986), más apegada al trágico final planteado por Andersen. Por su parte, Miyazaki presentó una película inspirada vagamente en la misma historia: “Ponyo” (2008).

El estudio soviético presentó sus propias versiones de otros clásicos arriba mencionados, como “Winnie the Pooh” (1968), dirigida por Fyodor Khitruk; “Las aventuras de Mowgli” (1973), de Roman Davydov; “Las aventuras de Buratino” (1959), que a su vez se basa en la versión del libro que hizo en ruso Alekséi Nikoláyevich Tolstói, dirigida por el “Walt Disney soviético” Ivan Ivanov-Vano, junto a Mikhail Botov y Dmitriy Babichenko; o “Alicia en el país de las maravillas” (1981), de Efrem Pruzhanskiy.
Por otro lado, el personaje icónico de Soyuzmultfilm, “Cheburashka”, apodado “el Mickey ruso”, nació a partir de un cuento del escritor Eduard Uspenski.

En Estados Unidos, no sólo Disney se dedicó a hacer interpretaciones animadas de obras literarias. Por ejemplo, el estudio Laika, realizó “Coraline” (2009), basada en la novela gráfica del estadounidense Neil Gaiman.
La principal competencia de Disney, el estudio DreamWorks, tiene varios títulos inspirados en libros. “Shrek” (2001) en «Shrek!», de William Steig, en donde el ogro dispara rayos con los ojos, o “Cómo entrenar a tu Dragón” (2010), la segunda más taquillera de ese estudio, creada a partir de la serie de libros del mismo nombre de la autora británica Cressida Cowell.
El último éxito de DreamWorks, “Los tipos malos” (2022), aún disponible en los cines de Argentina, se apoya en la serie de libros infantiles del australiano Aaron Blabey.

ANIMÉ Y LITERATURA, UNA RELACIÓN PROLÍFICA
La animación japonesa ha sido muy prolífica en materia de versiones de los clásicos literarios. Una de las versiones más recordadas de “El maravilloso mago de Oz”, la creación de Lyman Frank Baum, fue presentada por TV Tokyo en 1986.
El estudio Nippon Animation realizó muchísimas películas animadas nacidas a partir de libros. Entre las más recordadas, se encuentran “Heidi” (1974), que se basa en la novela de la escritora suiza Johanna Spyri, y “Marco” (1976), en el relato “Marco, de los Apeninos a los Andes” incluido en la novela “Corazón” del italiano Edmondo de Amicis. El primero de estos títulos fue muy popular en nuestro país, mientras que el segundo tiene la particularidad de ser una serie animada que transcurre en gran medida en la Argentina. Ambas fueron dirigidas por Isao Takahata y contaron con las animaciones de Hayao Miyazaki, quienes años más tarde crearían el estudio Ghibli.
Cuando comenzaron a hacer sus propias obras, quisieron hacer su versión del clásico infantil “Pippi Calzaslargas”, de la sueca Astrid Lindgren. Sin embargo, la escritora no aceptó la propuesta que le hicieron Takahata y Miyazaki. Muchos de los diseños de personajes que habían hecho se hicieron realidad con la película “Panda Kopanda”, incluyendo las características trenzas de la niña protagonista del libro de Lindgren. Luego de la muerte de Lindgren, se presentó un dibujo animado sueco para la televisión basado en su obra protagonizada por la desenfadada niña y sus amigos humanos y animales.
Varios años más tarde, Miyazaki presentó una de sus obras cumbre: “El increíble castillo vagabundo” (2004), su fantástico alegato pacifista ante la guerra en Irak. Está inspirada en la novela de la británica Diana Wynne Jones.

LAS MÚLTIPLES VERSIONES DE «UN CUENTO DE NAVIDAD»
Uno de los escritores cuyas obras inspiraron más versiones animadas es Charles Dickens. Su novela “Oliver Twist” tuvo su versión de Disney, situada en Nueva York y protagonizada por perros: “Oliver y su pandilla” (1988).
Pero el libro más recurrente en las versiones es “Un cuento de Navidad”. La más premiada y reconocida es “A Christmas Carol” (1971), dirigida por dos próceres de la animación, Richard Williams (director de animación de “Quién engañó a Roger Rabbit”) y Chuk Jones (director de los mejores episodios Bugs Bunny). Un detalle que se puede apreciar en la versión doblada al español latino. La voz de Scrooge la hace Gabriel Chávez, el mismo que hizo la voz de Mr Burns, el magnate malévolo de Los Simpsons, serie en la que hay varias referencias al libro de Dickens.
Otras versiones fueron protagonizadas por Mr. Magoo en 1961, los Looney Tunes en 1979 y Mickey en 1983, los Supersónicos en 1985 y los Picapiedras en 2004. En 2009, Disney presentó su última versión del clásico, dirigida por Robert Zemeckis.

(Telam)
